Educación digital y a distancia: ¿reto de todos?

22 enero 2021

Omar Espinosa

En redes sociales podemos ver todos los días el ofrecimiento de cientos de opciones para estudiar y capacitarse en línea; desde talleres de yoga, superación personal, locución, tejido, dibujo, idiomas, hasta cursos completos de periodismo, publicidad digital, fotografía e incluso algunos que ofrecen conocimientos para quienes quieran ser tatuadores. Hay de todo y para todas las economías, pues la paga por estos programas educativos va desde los 250, hasta los 3 mil pesos en promedio, para que al finalizar la instrucción reciban también un documento que les acredite el aprendizaje.

La pandemia fortaleció a instituciones digitales como Coursera, de la Universidad de Stanford, con 41 millones de usuarios registrados, EdX, auspiciada por la Universidad de Harvard que tiene 19 millones, Udacity (10 millones) o Miríadax (5,7 millones de usuarios). Otras plataformas que han emprendido en el ofrecimiento de cursos son Domestika, quien supera los 500 mil beneficiarios e incluso en Facebook, Instagram y Linkedin, se ofrecen oportunidades para mantenerse actualizados y capacitados en distintos ámbitos.

En contraste a las adversidades por la pandemia, las oportunidades se hicieron visibles para quienes encontraron en el confinamiento, una oportunidad para ofrecer servicios educativos y acrecentar la idea de la “autogestión del aprendizaje”, que no es otra cosa más que un control de estudio y obtención de nuevos conocimientos desde casa, basándose en sus propios tiempos y recursos. Una democratización que llegó a los países en vías de desarrollo y del Tercer Mundo, no obstante que estos países sufren problemas más apremiantes como su economía, alimentación, inseguridad, salud, corrupción política, entre otros temas que no son ajenos a los mexicanos por ejemplo y que de entrada ya son una limitación de gestión administrativa y burocrática.

La educación en línea es una realidad hoy en nuestros días en que la pandemia por Coronavirus tiene al mundo en una constante incertidumbre, de tal forma que al menos en México 25 millones de estudiantes de educación básica tuvieron que integrarse al modelo de estudio por Internet, haciendo uso de plataformas que si bien no eran desconocidas, tampoco eran utilizadas de manera común y con éstos educandos, hay cerca de un millón 200 mil profesores (de acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo), que sin así quererlo, tuvieron que cambiar sus hábitos de enseñanza de un pizarrón en un aula, a una serie de herramientas digitales, todas en un equipo de cómputo.

Y como dijera el clásico: “cada quien que se rasque con sus propias uñas”, pues el Gobierno Federal solo atinó ofrecer apoyos crediticios y ampliar sus llamadas “tandas del bienestar” para que las familias pudieran así, adquirir computadoras, contratar Internet o lo que fuera necesario para ajustarse a los nuevos tiempos impuestos por una enfermedad que nadie veía venir y a casi 11 meses de haber iniciado la contingencia mundial, en nuestro país no se puede identificar una fecha para el regreso a clases en la tradicional modalidad presencial, de tal forma que los esfuerzos continuarán en miles de hogares donde la situación económica no es del todo benévola, pero donde quieren que los y las hijas continúen con sus estudios básicos.

La educación en tiempos de pandemia implica grandes retos nunca antes vistos para la política educativa, donde se deben aplicar estrategias emergentes, que permitan a estudiantes y docentes, continuar con el proceso pedagógico desde sus hogares ante el cierre de las escuelas y parece que al menos durante este 2021, las autoridades federales y estatales tendrán que ajustarse al panorama digital, a las clases a distancia y a modelos que a nivel mundial se aplicaron de manera casi inmediata al inicio del anuncio global por la pandemia del Covid19.

Mientras tanto, aquí en México, seguro nos quedaremos a la espera de que “la ardilla” les gire a nuestros representantes de educación, para que hagan algo en función de ajustarse e integrarse a las nuevas tecnologías que en otros países han funcionado y que sin duda ofrecen una oportunidad de crecimiento y evolución en materia tecnológica, pero que también apoyaría al desarrollo educativo de la población.

O será que aplican la frase pronunciada por el militar y político venezolano Simón Bolívar; fundador de las repúblicas de la Gran Colombia y Bolivia y considerado una de las figuras más destacadas de la emancipación hispanoamericana frente al Imperio español, quien en 1819 dijo: “un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción; la ambición y la intriga, abusan de la credulidad y de la inexperiencia de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil; adoptan como realidades las que son puras ilusiones; toman la licencia por la libertad, la traición por el patriotismo y la venganza por la justicia”.

Nos escuchamos la próxima, en tanto tenga usted, ¡muy buen día!

Facebook: Omar Espinosa Herrera

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