El locutor que perdió su inocencia

3 julio 2020

Omar Espinosa

Otra vez lo volvieron a hacer. Se aprovecharon de la buena voluntad del locutor y se sirvieron de la “amistad” para solicitarle una grabación que de entrada era “cortita”, “cosa de nada” y terminó siendo un texto de más de 350 palabras, que se deberían cobrar en no menos de 3 mil pesos, pero por ser “de amigos”, solo se cobraría una tercera parte del total. En fin que el locutor no solo perdió su ingreso económico, sino la amistad, porque después de enviar el archivo de audio, no hubo respuesta, comentarios, solicitudes de cambios y claro, mucho menos la paga acordada. Todo se esfumó así de rápido.

Y el locutor nuevamente se volvió a enojar consigo mismo, se lamentó haber apoyado a quien parecía lo necesitaba en ese momento y se juró (como en las últimas 300 ocasiones), que no volvería a grabar nada si no le pagan antes. Porque los abusivos son muchos y piensan que el ejercicio de la locución es tan simple que no merece valor. Hay quienes piensan que por ser la voz un elemento de naturaleza humana, cualquiera lo puede hacer y no cobrar por ello, pero la verdad es que esas ideas distorsionadas, van de la mano de una falta de dignidad y respeto para quienes ejercemos la locución.

¿Así es como pierde la inocencia un locutor? o es más bien donde encuentra la culpa de reconocer que le han tomado el pelo de nueva cuenta, aun cuando ya sabe que no debe trabajar sin pago anticipado. En el sentido jurídico, la culpa se basa en la imputabilidad y tiene como consecuencia la “responsabilidad de la acción realizada”. En el sentido moral la culpa supone una actitud “conscientemente contraria al deber”. El culpable que actúa de forma premeditada puede no tener sentimiento de culpa, mientras que el inocente puede estar abrumado por la carga de una culpabilidad supuesta, de tal forma que en el sentido filosófico, la culpa y la culpabilidad plantean la cuestión de su misma posibilidad: el porqué de la culpa.

Se hace necesario un planteamiento de esta magnitud cuando no se encuentran respuestas del por qué la gente sigue utilizando la amistad de los locutores para pedirles favores profesionales, ni por qué el locutor todavía no aprende a decir “no” y exige se le respete como un profesional de la voz. 

Veamos; el término inocencia designa la ausencia o la exención de culpa y proviene de dos palabras griegas: ákakos (sin mal) y ádolos (sin engaño), expresando el significado del término latino, innocens, (incapaz de hacer daño), lo que permite a los abusivos adoptar una connotación peyorativa en referencia a una persona excesivamente ingenua y candorosa, carente de experiencias al respecto de las realidades cotidianas. De tal forma, debo decir al lector que las y los locutores hemos sido víctimas de la deontología, siendo esta una parte de la ética que trata de los deberes y principios que afectan a una profesión.

Uno aquí escribiendo como si quien pide favores tuviera interés o le importaran estos conceptos. No obstante, en la búsqueda de generar conciencia de respeto entre los y las profesionales de la voz, siempre es importante coincidir en la idea de que para la próxima ocasión que una amistad nos pida le hagamos una grabación, primero le cobremos sin temor a perder la relación personal, pues de cualquier forma quedará dilapidada cuando no se cumpla con el pago acordado y en la esperanza de que esta colaboración sea leída, analizada y aceptada por quienes alguna vez han buscado a un locutor para que les grabe un spot y una vez recibido el material, nunca le volvieron a hablar (ni a pagar, claro). Ya ni lo hagan. No hace falta porque el locutor ha perdido su inocencia y fortalecido en su dignidad seguramente ya no les va a contestar. Hagan la prueba.

Nos escuchamos la próxima, en tanto tenga usted, ¡muy buen día!

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