Luis Miguel Barbosa: de la inestabilidad política a la certidumbre social

Turbulencia es una palabra que remite inmediatamente al desorden, caos, agitación e irremediablemente a la necesidad de aplicar acciones inmediatas y decididas que reestablezcan la confianza de los involucrados en tal conflicto. Una situación que sin duda Luis Miguel Barbosa Huerta reconoce como jefe del poder ejecutivo y que sabe se ha vivido en Puebla, al menos en los últimos 9 meses, pues tras haber sobrevivido a una elección peleada, discutida y perdida en 2018, logró nuevamente convertirse en candidato en 2019 y ganar bajo los principios ideológicos de la Cuarta Transformación, un proceso electoral en el que sus contrincantes no le representaron mayor preocupación, pues no gozaron nunca de aceptación por parte del electorado. Barbosa Huerta, tras su triunfo en las urnas, el pasado 2 de junio se mantiene en una constante de pensamientos para que, en el menor tiempo posible, sus proyectos de Gobierno generen confianza, credibilidad y certidumbre social.

Y es que ahora, más importante es restructurar el tejido social, que el político; recuperar la confianza de los ciudadanos (futuros electores), así como el corresponder a esa esperanza de cambios verdaderos, concretos y perceptibles, sin duda, es el mayor reto al que se enfrenta el nuevo mandatario poblano, pues no puede de manera inmediata modificar la estructura gubernamental y operativa con la que se venía trabajando, principalmente en la administración del extinto Rafael Moreno Valle, quien dio giros exponenciales a la forma de hacer gobierno, conformando modelos que si bien no fueron bien aceptados en su momento, ahora pueden convertirse en lastre para un hombre que sabe generar alianzas, es de izquierda, reconoce la participación experimentada de grupos, conforma equipos de trabajo para ofertar eficacia administrativa y sobre todo, que tiene en sus hombros el compromiso de transformación republicana que tanto se promulga a nivel federal.

La analista política y académica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Myriam Cardozo Brum, señala en su libro “Neoliberalismo y eficiencia de los programas sociales en México” del 2005, que el trabajo de cualquier administración gubernamental, debe estar cimentado en el desarrollo de esquemas basados en la eficiencia y maximización de recursos, con la constante evaluación de los programas que se tienen y se habrán de implementar, a efecto de optar por los que sean más eficientes y aquellos que no estén bajo los parámetros establecidos en el plan inicial de gobierno, se reestructuren o bien eliminen por completo.

Seguridad pública, apoyo al campo y grupos marginados, empleo, salud pública, combate a la pobreza, infraestructura, finanzas, transporte, turismo, inversiones extranjeras, cultura y tradiciones, deportes, entre muchos más, son temas que forman parte de una larga lista de aspectos en los que ya trabaja el Gobernador Barbosa Huerta y que tendrán que generar algo ampliamente discutido y que se define como “Gobernanza para la gobernabilidad”, ambos conceptos paralelos, pero que de ser bien aplicados, ofrecen la oportunidad de trascendencia y permanencia del actor político, ante una sociedad ávida de recuperar la confianza en quienes le representan. Aquí los retos, se convierten en oportunidades.

Omar Espinosa

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