Ni Dios, ni vida después de la muerte

Stephen Hawking murió en marzo del 2018, a la edad de 76 años, mucho después de los dos años de vida que le diagnosticaron a los 21 años. Su libro póstumo, publicado por Bantam Books, responde a preguntas que le han sido planteadas con frecuencia a lo largo de su vida. Sobre el tema de las formas de vida extraterrestres, escribe: “Hay formas de vida inteligente por ahí.

Sobre el viaje en el tiempo y la teletransportación, tiene la misma esperanza. Sin embargo, el futuro de la ciencia y la educación le preocupa mucho, sobre todo tras la conmoción política que ha sacudido a Occidente en los últimos años. Puedo decir con confianza que su futuro dependerá más de la ciencia y la tecnología que el de cualquier generación anterior”.

El físico teórico e icono británico concluye en ‘Brief Answers to the Big Questions’ (‘Respuestas breves a las grandes preguntas’): “No hay ningún Dios. Nadie dirige el universo”.

“Durante siglos, se creyó que las personas discapacitadas como yo vivían bajo una maldición infligida por Dios. Prefiero pensar que todo se puede explicar de otra manera, por las leyes de la naturaleza”.

El físico más noto de la Universidad de Cambridge sufría de esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad que lo dejó postrado en una silla de ruedas y sin poder comunicarse sin la ayuda de una máquina durante gran parte de su vida.

Fuente: EuroNews

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